En Occidente la práctica de yoga se ve muy relacionada con la práctica física, y es cierto que tiene multitud de beneficios que regulan y equilibran el buen funcionamiento de todo el cuerpo, pero estos beneficios son una parte muy pequeña de lo que el yoga puede hacer por nosotros. Yoga es un camino de escucha y comprensión y, a través de esa sensibilidad que despierta la práctica, el yoga te ayuda a ir hacia un camino de autoconocimiento que permite una relación contigo mismo distinta, más amable.

Os explico todo esto para que entendáis que aunque trabajemos posturas y técnicas de respiración toda la práctica está enfocada al desarrollo de esa sensibilidad de la que hablaba antes.

El hatha yoga no es un deporte. Aunque es cierto que en la medida que se profundiza en esta disciplina tanto el cuerpo como la mente van obteniendo mayores estados de equilibrio y bienestar, tradicionalmente, sus técnicas, no persiguen la salud física sino la preparación del ser para la realización espiritual, por lo que se atiende al cuerpo como método de integración con esta finalidad.

Por eso, a continuación, quiero compartir con vosotros los principales ejes sobre los que asentar la práctica de Hatha Yoga:

Relajación (Savasana). Aprendemos a “no hacer”

Libera las tensiones del cuerpo y de la mente.

Respiración (Pranayama). El arte de respirar con conciencia.

Respirar es la constante comprobación de la vida. La función respiratoria acontece día y noche, siendo el soporte fisiológico y energético de todas las demás funciones.

Posturas (Âsanas). Ejercicio adecuado.

La práctica física de yoga mejora la postura corporal, fortalece y flexibiliza toda la musculatura, estimula los órganos internos y favorece la circulación. Nos ayuda a mantenernos joviales y vitales. A medida que se avanza en la práctica desarrollamos más consciencia de la energía vital.

Atención Plena (Pratyâhâra). Cultivar la capacidad de focalización e interiorización.

A medida que se progresa en la práctica se hace más necesario observar e interiorizar.

Meditación (Dhyana). La práctica de contemplación, de meditación, es la llave para encontrar la paz interior.

Alimentación adecuada. “Somos lo que comemos”

La dieta yóguica es sencilla, natural y saludable. Es una alimentación que tiene el mejor efecto sobre el cuerpo y la mente y, a su vez, el menor impacto negativo en los animales y en el medio ambiente.

¿Qué nos podemos encontrar en una clase de hatha yoga?

Relajación. Se inicia con un momento en el que estamos tumbados en Savasana o sentados en la postura de meditación para propiciar una actitud mental centrada y “llegar al momento presente”, traer el pensamiento a tierra a través de nuestra respiración.

Respiración. Tomamos unos instantes para llevar la atención a nuestra respiración, bien sea una técnica específica de Pranayama o ejercitar la respiración natural en la relajación inicial.

Posturas. Preparamos el cuerpo con estiramientos y movilizaciones a nivel articular y comenzamos con una dinámica fluida, Vinyasa, âsanas enlazadas que se repiten varias veces, como el Saludo al Sol (Surya Namaskar)

Continuamos la práctica con una serie de âsanas que se realizan de manera armónica coordinadas con la respiración, constituyendo una meditación en movimiento.

Cada práctica tiene un objetivo concreto. Las posturas de la secuencia propuesta en cada clase se complementan entre sí e incluyen todos los movimientos de la columna.

Relajación final en Savasana. Terminamos la clase con 15 min aprox de relajación total del cuerpo y la mente.